EL BARCO DE LA JUVENTUD MUNDIAL:
EL BARCO DE LA ESPERANZA
Mª ARANZAZU ALONSO LOSCERTALES
Profesora de inglés. E.O.I. de Calatayud
los pasados meses de septiembre y octubre, he vivido una experiencia extraordinaria: he sido participante junto con otros ocho representantes españoles en el doceavo programa del Barco de la Juventud Mundial organizado y pagado por el gobierno japonés. Cada año durante doce programas consecutivos el gobierno japonés ha congregado aproximadamente a 120 jóvenes japoneses y unos 150 jóvenes de unos 17 países del mundo, de entre 20-30 años, en un crucero especial, a bordo de un trasatlántico llamado Nippon Maru, donde se busca la convivencia de estos jóvenes y el intercambio cultural. Al frente de cada delegación hay una persona leader-coordinador de entre 30-35 años. Este año yo he sido la afortunada leader al frente de la delegación española.

El propósito del programa, según el gobierno japonés, es promover el espíritu de cooperación internacional, y la amistad y el mutuo entendimiento entre la juventud de Japón y de varias áreas del mundo, ampliar las perspectivas internacionales de estos jóvenes a través de la participación en diferentes actividades de intercambio que se realizan a bordo del barco, y durante la estancia en los países que se visitan, así como el estudio y discusión de diferentes áreas desde un punto de vista global. La idea es que cualquier acontecimiento que sucede en una parte del planeta afecta a otras, a veces en un efecto dominó.
Las delegaciones participantes de este año eran de los cinco continentes, y para los actos oficiales estaban siempre colocadas en el orden de las Naciones Unidas. Dichas delegaciones eran las siguientes: Australia, Bahrein, Bélgica, Canadá, Egipto, India, Japón, Méjico, Noruega, Perú, Qatar, Seychelles, Sudáfrica, España, Turquía, Emiratos Arabes Unidos y Tanzania.
Las embajadas japonesas de los diversos países participaron en la selección de las delegaciones. El programa estaba avalado por la Universidad de las Naciones Unidas, que tiene su sede en Tokio, y de la cual recibimos el correspondiente certificado al término del programa.
El eslogan elegido para este año fue "Navegando en Solidaridad para un Mundo Mejor", pero las de otros años "Sembrando las Semillas de la Armonía Mundial" y "El Puente de la Amistad en el Mundo", eran también muy elocuentes respecto al programa.
El recorrido fue el siguiente: el barco partió del puerto de Tokio, Yokohama, tras nuestra estancia en Japón de nueve días, el primer desembarco fue en la ciudad-estado de Singapur donde permanecimos casi un día mientras se rellenaba el tanque de combustible, aunque no constaba como uno de los lugares de visita oficial del programa. Seguidamente cruzamos el océano Indico, haciendo escala en las islas Seychelles, para luego dirigirnos hacia Ciudad del Cabo en Sudáfrica, tras cruzar el cabo de Buena Esperanza. A partir de allí la ruta fue de regreso, pero aun nos esperaban dos visitas tan interesantes y diversas como Tanzania, en su capital Dar-es-Salaam, y Dubai en Emiratos Arabes Unidos. Desde ahí, la última semana nos dirigimos a nuestro punto final, nuevamente Singapur, desde donde volvimos a casa, esta vez en avión.
Las actividades incluían una estancia en una familia japonesa en una de las prefecturas (provincias) de Japón. A la delegación española le correspondió visitar Ishikawa, situada en el norte, en el mar de Japón. Aunque es una provincia no especialmente importante, fue por eso mismo mas interesante, ya que nos permitió experimentar la vida en una familia japonesa normal. Allí comprobamos que Japón es la tierra del respeto y la hospitalidad. También visitamos templos, santuarios, parques, y en Tokio por ejemplo Akihabara (la ciudad electrónica) con cientos de tiendas con la última tecnología, y los últimos aparatos del mercado, siempre en versión reducida, por supuesto, y que encontraremos en España dentro de varios meses.
Algo muy especial en el programa en Japón fueron las recepciones con el primer ministro Keizo Obuchi, y en la residencia de los príncipes herederos, con los cuales conversamos amistosamente sobre la familia real española y de nuestro trabajo. Además resultó que la princesa heredera tiene una amiga española en las islas Canarias de cuando estuvo estudiando en Europa.
Ya en el barco, hubo una presentación nacional de cada país. España presentó las diferentes regiones españolas, con la idea de dar a conocer la pluralidad y la riqueza cultural del país mas allá de los tópicos: Galicia, Cataluña, la Comunidad de Madrid, Zamora (Castilla y León), las Islas Canarias, Andalucía y Aragón. En ella incluimos diapositivas, vídeo e incluso folklore; nos animamos a bailar sevillanas, sardana y una jota aragonesa, aunque mi compañero de jota iba en realidad vestido con traje regional zamorano, pero ¿a quién le importó?. También me gustaría mencionar especialmente la presentación nacional japonesa: las artes marciales, los tambores, el despliegue de kimonos y las danzas con abanicos. Fue interesante comprender la estética japonesa: elegancia y belleza a través de la sencillez y el equilibrio, y también su método de trabajo, que es disciplina y perfeccionismo.

A bordo hubo diferentes clubes de actividades artesanales y deportivas, pudimos aprender un poco de la difícil caligrafía japonesa, y artes marciales; también pudimos practicar la "ceremoniosa" ceremonia del te y la papiroflexia. La delegación española presentó talleres de lucha canaria y juego del palo, y por supuesto enseñamos a bailar sevillanas a los japoneses, ya que les encantan. Hubo muchos otros talleres: de diferentes danzas del mundo, canciones, ajedrez oriental, varios de trabajos manuales, como elaboración de zapatillas de cuerda, etc...
Por otra parte, un grupo de profesores de diversas universidades del mundo impartió distintos seminarios. Algunos de los temas fueron: "Estudios sobre el Oriente Medio.- Mutuo Entendimiento entre diversas Civilizaciones", "La Crisis Financiera Asiática", "Auto-estima", "Entendimiento Multicultural y de la Cultura Japonesa". Allí reflexionamos, por ejemplo, sobre como muchos de los conflictos en el mundo son resultado de un momento post-colonial en el que los pueblos quieren reafirmar su propia identidad cultural, o como muchos de los malentendidos que se producen entre diferentes culturas son mas bien debidos a la falta de conocimiento de las diferencias culturales. Por ejemplo, para la mentalidad occidental los japoneses pueden ser percibidos como gente con poca personalidad o poco sinceros, mientras que ellos pueden percibir a los occidentales como maleducados o arrogantes.

Una parte también muy importante del programa la constituyeron las sesiones de discusión en pequeños grupos internacionales. Los temas fueron los siguientes: desarrollo del potencial humano, educación, la mujer, voluntariado, globalización, conservación del medio ambiente, estilos de vida (incluyendo los temas de SIDA, drogas, amor y familia), el papel de las Naciones Unidas (incluyendo las armas nucleares), y las relaciones entre países desarrollados y en vías de desarrollo, y entre tecnología y cultura. Los comités de discusión preparaban diversas preguntas para introducir los temas; por ejemplo en educación se preguntaba ¿cuál es el papel de la educación en la sociedad? ¿cómo pueden las escuelas eliminar la discriminación racial? y en el tema voluntariado ¿por qué es el voluntariado importante en la sociedad? En el tema de la mujer se habló de los roles y derechos sociales. Afortunadamente en las comidas y en las cenas había oportunidad de seguir continuando los debates. Se podía aprender mucho si estabas abierto a ello.
Otra actividad digna de mención es la visita a bordo por una semana de dos voluntarios de las Naciones Unidas Henri Valot y Monette Rana que nos comentaron su experiencia coordinando proyectos en países en vías de desarrollo, organizando campos de refugiados o elecciones democráticas en países en conflicto. También nos hablaron sobre la posibilidad de unirnos a este cuerpo de voluntarios extendido por el mundo.
Otro de los acontecimientos importantes a bordo fue la organización de la semana de la paz. Entre los participantes japoneses contábamos con algunos de los descendientes directos de los supervivientes de la bomba de Hiroshima. Fue muy interesante conocerlos, y muy triste, a la vez, escuchar como todavía tienen miedo del peligro de los posibles consecuencias de la radioactividad, hasta en las generaciones siguientes. Llegué a enterarme de que incluso para algunas personas éstos no eran candidatos "convenientes" para un matrimonio, por estas mismas razones.
Y por supuesto también hubo fiestas: fiestas de disfraces, fiesta mejicana, fiesta del sake (aguardiente japonés), la noche árabe (solo para mujeres), donde las mujeres árabes nos mostraron secretamente sus preciosas y largas cabelleras que esconden celosamente y reservan para sus futuros maridos; y también celebramos varias "bodas" al estilo egipcio.
En cuanto al idioma de comunicación utilizado en las diversas actividades del programa éste era el inglés, pero hubo una gran oportunidad de aprender muchos términos y expresiones en japonés, swahili, árabe, francés, noruego, hindú... lo que hizo nuestro intercambio cultural mucho mas enriquecedor. La oportunidad de escuchar japonés fue muy grande, ya que algunas veces los miembros de la administración del barco necesitaban ser traducidos, y comprobamos que es un idioma fonéticamente bastante cercano al español; por ejemplo, el sistema vocálico es exactamente igual al nuestro, con los mismos 5 sonidos, pero se denominan en este orden "a, i, u, e, o".
Resumir las actividades en los puertos de escala de los países que visitamos es muy difícil pero voy a intentar comentar sobre lo que mas me impresionó.
En las islas Seychelles vivimos la naturaleza en estado salvaje. Seychelles es un país que vive en estado un tanto primitivo, y donde es admirable su preocupación por la conservación de la naturaleza. Allí se podía vivir la tranquilidad de los habitantes y su alegría. Aunque era evidente la ausencia de lujo: los tejados eran de lata, las casas de construcción sencilla y las tiendas estaban muy poco abastecidas de productos. Es un país sin pobreza, ni grandes diferencias entre pobres y ricos. Otro aspecto interesante es que hay un límite turístico, porque los seychelianos no quieren matar a su gallina de los huevos de oro, para ello conservan impecables sus playas de arenas finas y blancas, y las escasas infraestructuras hoteleras se encuentran escondidas entre su vegetación exuberante.
En Sudáfrica vivimos los grandes contrastes provocados por el apartheid. También visitamos Robben Island, la isla-prisión para los prisioneros políticos anti-apartheid que ahora se ha convertido en un museo, testimonio para la humanidad. Allí vimos la celda donde estuvo encerrado Nelson Mandela, y la tabla de comidas que indicaba la dieta de los prisioneros, con cantidades mucho mayores y una mayor variedad nutritiva según el prisionero fuera blanco, mestizo o negro. También vimos los barrios de chabolas con un millón de habitantes negros, contrastando con el lujo extremado de los centros comerciales del centro de Ciudad del Cabo, que nada tenían que envidiar a los mejores americanos o europeos. Pero lo mas impresionante fue vivir la alegría y la amistad de las comunidades negras, y su capacidad de perdón. Algunos de nuestros compañeros de la delegación sudafricana habían sido prisioneros políticos, pero este es un país que no guarda rencor, sino que allí se respira una inmensa energía, el deseo por trabajar para un futuro mejor de los negros en el país, y una prosperidad conjunta de negros y blancos unidos.
En todos los países que visitamos hubo recepciones oficiales de los gobiernos, generalmente representado por ministros de educación y cultura, alcaldes de las ciudades, y cargos similares. En Tanzania nos recibió su presidente Benjamin W. Mkapa, quien dijo que "el futuro pertenece a los jóvenes" y también visitamos un orfanato de la fundación de la Madre Teresa de Calcuta. Por otra parte, pudimos disfrutar de su folklore e increíble artesanía. Es un país en el que la pobreza es obvia, pero llevada con mucha dignidad; y además resultó ser un país interesante y amistoso.
Continuamos viaje hacia los Emiratos Árabes Unidos, a su puerto Dubai. Allí nos encontramos con un país con altos edificios totalmente nuevos en medio de un paisaje arenoso. El nivel económico es obvio, pero también lo es la defensa de sus tradiciones. También, pudimos montar en camello, vivir el exotismo árabe en las recepciones, y visitar la universidad, que esta dividida para hombres y mujeres, y que cuenta con todos los medios técnicos y profesores internacionales. A mi, por supuesto, me tocó visitar sólo la de mujeres, pero salí con una grata impresión sobre estas jóvenes estudiantes con una gran personalidad y entusiasmo en su mejora personal, dentro de sus costumbres. Todas iban de negro con el velo en la cabeza, y pudimos probar a vestirnos como ellas e incluso nos decoraron las manos con hena.

Finalmente, Singapur puede ser descrita como una ciudad de gran colorido, y una gran mezcla étnica. Una visita a sus barrios indio, árabe y chino no puede ser mas pintoresca. Además, Singapur es famosa por sus reglamentos: comer chicle esta prohibido, y es imposible encontrar en las tiendas, ya que mancharía mucho el pavimento, también puede ser uno multado por tirar un papel al suelo o por estar comiendo o bebiendo en el metro.
Por último, decir que el programa trajo jóvenes de diferentes nacionalidades y diferentes orígenes culturales, religiosos y sociales a un lugar donde vivimos armoniosamente, a una ciudad global, nuestro barco, Nippon Maru, donde los miedos y los estereotipos desaparecieron y fueron reemplazados por lazos de amistad. Ciertamente creo que este programa contribuye a la paz mundial, y que esta iniciativa del gobierno japonés debe ser apreciada. Por supuesto algunos problemas tuvieron que ser solventados, por ejemplo la efusividad de la delegación mejicana que contrastaba con la reserva de la mujer india, o árabe, el antiguo conflicto del fletán entre Canadá y España, que resurgió en uno de los seminarios sobre el tema económico y de pesca; pero lo importante es que vivimos una experiencia donde la paz mundial fue posible, donde comprobamos que las similitudes entre nosotros son mayores que las diferencias, y a pesar de nuestras diferentes costumbres y hábitos constituimos una única raza humana.
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