DISCIPLINA Y AULA
LUIS ALEJANDRO PALACIOS
SANCHO
Licenciado en Ciencias de la Educación
Maestro de E. Primaria.
Al
hablar de disciplina nos encontramos con uno de los "problemas"
que más afecta a la enseñanza actual, y más concretamente, a la relación
profesor-alumno.
Antes
de seguir, debemos entender qué es disciplina. Curwin y Mendler, nos dicen que
la disciplina puede entenderse como " un conflicto entre las
necesidades de un individuo y las de grupo o la autoridad que lo
representa."
Así
podemos entender:
o Individuo
= Alumno
o Grupo
= Clase
o Autoridad = Maestro
No nos
podemos quedar con el simple hecho de entender la disciplina como un
comportamiento, como actuaciones en el aula, ni a situaciones de carácter
conflictivo.
Tanto
para profesores como alumnos, la disciplina afecta a esferas de la persona en
las que están implicados los sentimientos, las actitudes, los valores...
El
niño ante una situación de enseñanza, o bien en una relación sistemática con
otras personas, hace suyas las pautas de comportamiento, bien sean impuestas o
bien elaboradas por él mismo. Por eso al llegar nuevo a una clase, el niño
estudia el entorno y el contexto en el que va a estar, pide informes a otros
compañeros,... y así adquiere unos determinados hábitos de conducta.
Al
igual que ha aprendido lo que puede o no puede hacer, (normas), también ha
aprendido a quebrantarlas, y este quebrantamiento de las normas, hemos de
considerarlo como un castigo hacia su maestro e incluso hacia la institución
escolar.
Creo,
que un momento importante para lograr un clima de disciplina, es el momento en
el que se hace participar al alumno, pero, ¿cómo participa un alumno en el
aula? Tiene fijado el currículum, asignados los maestros, elegidos unos textos,
exigidas unas mediciones y evaluaciones, precisado el horario, impuesto el
calendario escolar, trazados los caminos y direcciones. Es fácil comprender que,
a medida que crece la capacidad de análisis , los alumnos se muestren
interpelados por las exigencias que nacen del contexto escolar.
Si el
proceso de aprendizaje se asienta sobre una concepción curricular de carácter
perennialista, en lo que lo fundamental es la transmisión de un cuerpo de
conocimientos, (instrucción), el papel del alumno se limita al de mero receptor
de unos datos que el maestro expone-propone-impone desde su docencia.
Los
padres suelen plantear, voz en grito, que la disciplina y el orden son valores
fundamentales en un centro escolar, no sólo porque mejora y facilita el
aprendizaje, sino porque constituyen, en sí mismos, una excelente lección.
Una
clase que rompe la estructura de alineamiento y de silencio del grupo frente al
maestro, en la que se toman decisiones de forma compartida, en la que se forman
grupos de discusión, en la que se negocian las normas, el maestro disminuye su
poder de decisión y se convierte en facilitador de la tarea compartida. Con
todo esto, la red de relaciones alumno-alumno se potencian, multiplican e
intensifican. No debemos olvidar que el valor más importante no es el del
silencio, sino el del trabajo compartido.
No
podemos olvidarnos de los efectos secundarios y de su evaluación. A veces estos
efectos secundarios son tan importantes que invalidan lo conseguido. Por ello,
se pueden aprender muchas cosas, pero sería negativo crear aversión
hacia el aprendizaje. Se puede conseguir silencio y orden pero sería
preocupante haber desarrollado odio hacia las personas.
La
autonomía de los maestros es un requisito de indudable significado. Si el
maestro tiene unas limitaciones externas que limitan o anulan su independencia,
el ambiente de aprendizaje y el comportamiento de los alumnos, estarán marcados
por la rigidez y destrezas ideadas para el mantenimiento del orden pero no en
la construcción de pensamiento en una experiencia abierta y cooperativa.
La
autonomía del maestro, junto con una formación inicial y un proceso de
perfeccionamiento nacido de la propia acción, permitirá mejorar las relaciones
que definen el ambiente de aprendizaje y actuar con sensibilidad, rigor,
acierto y seguridad en el desarrollo de la negociación en la asimilación
del papel que le corresponde como facilitador del proceso de
enseñanza-aprendizaje.
Modificar
los planteamientos existentes sobre disciplina en las aulas y en los centros,
supone realizar una transformación de la mentalidad y de la concepción del
currículum.
La
complejidad de los fenómenos de relación que se establecen en el aula y en el
centro, exigen un estudio individual y reflexivo de nuestra acción docente, así
como el acercamiento al niño y a su contexto para poder interpretar
correctamente la cultura del aula y adaptar, nuestros instrumentos de
enseñanza-aprendizaje, a la realidad e intereses del niño, para poder conseguir
juntos, la plena satisfacción personal.
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