José María Muñoz Callejero

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JOSÉ Mª. MUÑOZ CALLLEJERO: PASIÓN BILBILITANA EN EL VERSO.

Por Antonio VILLANUEVA. CPR de Calatayud.

(Publicado en La Comarca, 23 de octubre de 1998)

Traigo hoy a esta página de La Comarca el recuerdo de un poeta enamorado de la ciudad que lo vio nacer: José María Muñoz Callejero (1908-19 ), autor de Calatayud, ciudad de las torres, poemario publicado en 1983 por el Centro de Estudios Bilbilitanos.

Las obligaciones laborales impidieron a José María dedicarse con mayor empeño a su vocación literaria. No obstante, su profesión de tipógrafo lo mantuvo toda la vida cerca del mundo del libro y la poesía. En sus versos, se nota su cultura libresca y ese afán por la palabra exacta, propio del corrector más exigente. Muñoz Callejero es un literato vocacional, que gustaba de colaborar en periódicos y revistas, de participar en justas y juegos florales. Su legado incluye cuentos, poemas y un sinnúmero de colaboraciones periodísticas. En 1966, editó Gris Plata, con más de cincuenta poemas. Pero es Calatayud, ciudad de las torres (1983) su libro más relevante.

En este poemario, José María hace un recorrido por la ciudad de sus amores. No es un libro de protesta, sino de paseo, como nos recuerda Sergio Zapatería, en el prólogo. Un paseo por calles y plazas, lugares y rincones. Callejero canta a las torres, a la calle de la Rúa, a la Plaza del Fuerte, a la Virgen de la Peña... Nada hay que escape a su bilbilitana evocación. La torre de San Andrés es gozosa floración de la arcilla hecha mensaje, y también flecha tranzada y viva que rebosa / de sí misma un armónico esquirlaje. Santa María se convierte en Firme ciprés con raíces de mezquita, en flecha que busca en el azul la diana.

El poeta prefiere las palabras rebuscadas, de diccionario, de hombre leído y perfeccionista en la expresión. Esto se aprecia ya en los primeros versos, en el poema que abre el libro, "Calatayud": ¡Ohé, merchantero! / Trajinante alcarrocero de la mula gualdrapada / y las árganas de ollero, / abandona el pregonero deambular por la quebrada / y desciende a la cañada del azul valle frutero / donde estoy bajo un roquero almodóvar asentada. Hay en todo el poemario un aire libresco, un regusto garcilasista de fondo y forma. La métrica es tradicional, a José María le encanta el soneto y en él se prodiga con insistencia. Podemos decir que el tono general del libro es de un clasicismo formal algo trasnochado y un fondo de exaltación comarcal, regional y patriótica que no ha envejecido demasiado bien.

A pesar de ello, hay algunos versos apreciables, dignos de estar en cualquier antología de la poesía bilbilitana. Como los siguientes, dedicados a la urbe del Jalón: Vergel triangulado por tres mares / estás sobre un balcón que enreja el mapa, / al aire ese pañuelo de tu valle / que a Sagunto equidista de Numancia. / Veredal que se tiende a cuatro nortes / y floreces de genio y aventura / con hijos tuyos la heredad hispana. / Enclave de las rutas de la historia / sabes de reconquistas y de palmas, / del sudor y el coraje de los Sitios / y de la sangre que Aragón sangrara. / Y, por dar tu presencia a las Edades, / del brazo de Marcial, que en ti se halaga, / coqueteas con Roma cuando Roma / se hace timón y látigo de razas (de "Bilbilitanos ausentes").

O estos otros, dedicados a la patrona de Calatayud: ¡Virgen de la Peña! ¡Divina Señora! / Cual pasan las sombras al nacer la aurora / razas y ciudades pasarán un día; / se hundirán los astros cabe los hogares / y un caos de montes, de cielos y mares / será el infinito de la lejanía. / ¡Sobre el Universo, con su soledad, / reinará el silencio de la Eternidad! / Pero, mientras tengan destino las cosas, / mientras siga, Madre, su curso la vida / y, del sol prendida, / laTierra dé ramos de frutos y rosas, / mientras sus salmodias entone el Jalón, / mientras en tu pueblo vibre un corazón / y un pecho palpite con sed de ternura / tendrás aquí un trono de amor y alabanza, / pues si en este humano valle de amargura / la sola esperanza / da aliento a los seres para alzarse en pie, / Tú eres de nosotros, Patrona bendita, / no sólo esperanza dulce e infinita / sino roca firme de una firme fe (de "Bronce sobre bronce").

Hay, también, una parte del libro dedicado a la Virgen del Pilar, donde el amor a lo local se troca en anhelo autonómico, aunque insistiendo en ideas obsoletas (raza, lucha contra el infiel, exaltación patriotera).

La obra se cierra con algunas colaboraciones en prosa del autor, donde se observa nuevamente su estilo correcto, repulido y tradicional, artículos en los que José María reclama más aragonesismo; protesta porque los míticos carteros de su infancia no hacían huelgas como los de ahora; o enmienda la plana a las feministas.

Diré, por último, que me parecía necesario este recuerdo de un poeta local, por su acendrada pasión bilbilitana, su empeño autodidacta y su pulcra expresión poética.

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